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NO ESTOY ACEPTANDO LIBROS PARA RESEÑAR HASTA NUEVO AVISO

Reseña #70 | Quiero respirar | Chary Ca

29/4/15

¡Hola Lovers!

Este libro me lo gané por un sorteo y ya tenia ganas de leerlo.









Datos del libro
Fecha de lanzamiento: 24 de noviembre de 2014
Idioma: Español
Número de páginas: 280 páginas
ASIN: B00PH4XZ2O
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Sinopsis

Cuando Daniel lleva a su sobrino al hospital con un problema respiratorio, nunca pensó que sería él quien acabaría necesitando ayuda para poder respirar.

Amanda, una pediatra que huye de su anterior relación, una relación tóxica cuyos escabrosos detalles comienzan a ver la luz.
Ella está dispuesta a dedicar se a vivir su vida disfrutando de sus amigas y su trabajo. Pero Daniel aparece en su consulta y pone su mundo del revés.
Ella será el oxígeno que el necesita para volver a respirar y el será el único hombre que pueda curar sus heridas.
Aprenderán que el amor es como las mariposas, que si no lo persigues acaba volviendo a ti.

QUIERO RESPIRAR una novela que te enseñara que en el amor, para poder respirar se necesitan ser dos.

Reseña #69 | Mi eterna protegida | C.J.Benito

28/4/15

¡Hola Lovers!

Nueva reseña, otro libro del fantástico Carlos~


Mi eterna protegida C. J. Benito






Datos del libro
Editorial: CJB BOOK
Fecha de lanzamiento: 23 de abril de 2015
Idioma: Español
Número de páginas:  267 páginas

Sinopsis

Gabriel acaba de ser expulsado de la CIA y ahora se ve obligado a trabajar como guardaespaldas en la empresa privada de un amigo. Su primer servicio es tranquilo, acompañar a una dulce abuelita a la que le sobran los millones pero todo dará un giro radical cuando su jefe le asigna otro servicio. Ahora deberá hacerse cargo del equipo de seguridad de la famosa cantante de pop, Alexia Moore.

Nada más conocerse, la excéntrica personalidad de ella provoca en él un rechazo instantáneo, que convertirá su día a día en un infierno constante. Los dos no dejan de pelearse y provocarse. Aunque ninguno de los dos está dispuesto a admitirlo, con ellos se cumple ese dicho que dice "él que se pelea se desea".

Antes de lo que Gabriel pudiera esperar, la vida de Alexia estará gravemente amenazada y el deberá arriesgarlo todo por ella.

Romance, humor y erotismo.


Mi opinión

Creo que este libro, es sin duda, el que está más cargado de humor que los anteriores. Ya que he reído tanto que hasta se me saltaban las lágrimas.

Me encanta el niño Fede, que salao jajajaja

Y ese odio que se tienen al principio Gabriel y Alexia me encanta, me caen genial.

La historia comienza con el despido de Gabriel en la CIA, al momento llama a su amigo Mikel que sin reparos lo contrata como escolta.
Estando Gabriel en una fiesta escoltando a Clare una abuelita que me ha robado el corazón Mikel le llama para que vaya a ser jefe de seguridad de la cantante Alexia, ya que ha recibido una carta donde se la amenaza de muerte. Ahí comienzan a conocerse, odiarse y... Enamorarse.

Todos los capítulos tienen su toque de humor, cortos, sin descripciones innecesarias, se lee rápido de lo tanto que llega a gustarte.
Otro logro más para Carlos.


Mi recomendación






Si eres escritor/a y quieres ser reseñd@ ponte en contacto conmigo a mi blogcorreo: modernlover666@hotmail.com

¡Nos vemos!

Reseña #68 | Oceanos de Oscuridad 3 | Ro. A. Ochoa y Yolanda García

27/4/15

¡Hola Lovers!

Porque no he podido resistir su llamado, aquí esta el final de esta trilogía vampirica


Abismos de tiempo - Ro. A. Ochoa y Yolanda Garcia






Datos del libro
Fecha de lanzamiento: 22 de abril de 2015
Idioma: Español
Número de páginas: 761 páginas

Sinopsis

Cruel destino es el que te dirige y empuja hacia el borde del abismo.

Mientras Alessandra tendrá que luchar por intentar controlar su insaciable sed de sangre, y encajar en su nuevo mundo, Marco se verá envuelto en una trama conspiratoria fraguada en viejos odios. Fantasmas del pasado resurgidos del mismísimo infierno dispuestos a arrebatarle todo lo que ahora tiene y verle caer. Y en esa espiral de traiciones, arrastrará a todos en una frenética búsqueda contrarreloj de la amenaza que se cierne sobre su cabeza, sin sospechar que ha permanecido a su lado los últimos meses.

Cuatro almas inmortales inmersas en una peligrosa partida de ajedrez, que lucharán para mantener a flote unos sentimientos que como no muertos se les cuestionan.
Cuatro almas inmortales que llorarán, reirán y amarán con intensidad, como si cada día fuese el último.

Abismos de Tiempo es el epílogo de la Saga Océanos de Oscuridad donde conoceremos la continuación de las dos historias de amor que caminan paralelas hacia su final, viéndose casi abocadas a quedar sepultadas en un Abismo de Tiempo.


Mi opinión

Muy, muy, muy, pero que muy buen final de trilogía. Sabía que estas dos chicas dejaban el plato fuerte para el final y ¡qué final! Casi me da un infarto entre el final y el epílogo.

En este libro la historia la cuentan los cuatro protas, Aless, Marco, Ever y Stephano. Seguimos la evolución de Aless en su sed de sangre desde el principio, donde Marco no consigue ayudarla pero son las ideas salvajes de Ever que hacen que Aless consiga por fin calmar a su bestia interior, esa que todos los vampiros albergan en su interior.
Vemos como la relación de Ever y Step avanza.

Entre tanta confianza, lealtad y amor, habita el rencor y la traición de varios personajes.

Leer y leer casi sin dormir, porque el libro lo vale, porque he dejado de lado las otras reseñas para leer como termina la historia, porque desde que lo tuve en mi poder no he resistido el llamado de estos vampiros, porque necesitaba cuanto antes saber como terminaba la historia.
Y no me han defraudado.


Mi recomendación






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¡Nos vemos!

Reseña #67 | Escapandome | N. S. Luna

26/4/15












¡Hola Lovers!
Hoy traigo otra reseña de la iniciativa BATMW, gracias al blog y a la autora por el libro :)






Datos del libro
Fecha de lanzamiento: 3 de octubre de 2014
Idioma: Español
Número de páginas: 422 páginas
ASIN: B00O5SZA5I
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Sinopsis

En la primera parte de la historia, Vale es nueva en la ciudad, y se tendrá que adaptar a una vida muy distinta a la que estaba acostumbrada.

Entrando a un mundo totalmente cautivador y apasionante como es el de la fotografía de moda.

En el camino, se encontrará con nuevos amigos, y nuevos amores, y se reencontrará con el pasado.

Reseña #66 | Belleza Oscura | Sheyla Drymon

22/4/15

¡Hola Lovers!

Otro día más reseñando, otra lectura vampirica que se une a la lista. Ya hechaba en falta un poco más de lectura vampirica.


Belleza Oscura - Saga Bellezas 1 - Sheyla Drymon






Datos del libro
Fecha de lanzamiento: 21 de abril de 2012
Idioma: Español
Número de páginas: 160 páginas

Sinopsis

Lucius Cuestelvinier, Príncipe de los vampiros es un guerrero forjado en la batalla. Dedicado en cuerpo y alma a cazar a los inmortales que entran en sus dominios, no se esperó que salvar la vida de una mujer mortal cambiaría la suya.

Su mundo se regía por estrictas normas que debían aceptar todos los vampiros, sin importar su rango dentro del clan. Al llevar la humana a la mansión, Lucius rompió una de las leyes, y ahora debía aceptar el castigo.

¿Qué le hizo la mujer que estaba dispuesto a ser castigado y humillado públicamente con tal de mantenerla a su lado?

Se negaba a aceptar que se había convertido en su debilidad, en esclavo de la pasión.


Mi opinión

Belleza oscura es una historia que se lee rápida -si no hay interrupciones, claro-.
Tiene una narración ligera y sencilla. Este es la segunda historia que leo de Sheyla que me tiene encandilada de principio a fin de su lectura.
Es una historia paranormal de vampiros y hombres lobo. Conocemos a Lucius uno de los Principes vampiro del mundo - más adelante sabemos que hay unos cuantos más estos son los "sangres pura" nacidos vampiro- y a Gabrielle su futura compañera.

Mientras se van conociendo descubrimos que el Consejo formados por unos 20 vampiros dentro del clan de Lucius planean acabar con él y aprovechan la entrada de Gabrielle, ya que Lucius rompió una de las normas creadas por él mismo.

Como ya he dicho, esta historia me ha tenido atrapada entre sus paginas hasta que no la he terminado. Unos vampiros llenos de pasión, sexo, sangre, traición, confianza y lealtad que ha hecho su lectura -al menos para mi- interesante donde he pasado un buen rato conociendo a sus personajes; tanto los dos principales, como los secundarios que han ido apareciendo a lo largo de la lectura.



Mi recomendación






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¡Nos vemos!

Reseña #65 | Precisamente tu | Maria Valnez

21/4/15

¡Hola Lovers!

Hoy traigo otra reseña de la iniciativa BATMW, gracias al blog y a la autora por el libro :)







Datos del libro
Fecha de lanzamiento: 9 de marzo de 2014
Idioma: Español
Número de páginas: 348 páginas
ASIN: B00IX1IZ0A
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Sinopsis

Laura, es una mujer de éxito en su trabajo. Es joven, y no tiene compromiso alguno.
Apenas, tiene amigos, un traumático incidente en su pasado, le impide tener una vida normal, con personas ajenas a su familia.

Durante un viaje por trabajo a Milán, mientras espera en el aeropuerto su vuelo, decide contestar algunas partidas del juego de moda “Apalabrados”, y descubre que no tiene ninguna jugada esperando. Sin pretenderlo, pulsa la opción del juego “Oponente Aleatorio” y al momento, aparece tras la pantalla de su smartphone, “Pantera”.

Laura duda de si aceptar la partida o no, pero después de sopesarlo, decide que alguien al otro lado de la red, del que no sabe ni su verdadero nombre, no puede hacerle daño ninguno.
Las jugadas se suceden una tras otra, y en cada una de ellas, ambos irán intercambiando frases sin saber nada el uno del otro.
Entre jugada y jugada, nacerá entre ellos, Laura y Jorge, una relación que irá más allá de la simple amistad, despertando un deseo inesperado.
Laura bajará sus defensas, y por primera vez en muchos años, abrirá su corazón a Jorge, pero todo cambiará, cuando Laura descubra que Jorge, no ha sido sincero con ella, y que en realidad, no está del todo solo.

Mini-Reseña #2 | El Anhelo de Seth | Sheyla Drymon

¡Hola Lovers!

Esta reseña es de un relato corto que he hecho mini-reseña de él.


El anhelo de Seth - Sheyla Drymon






Datos del libro

Fecha de lanzamiento: 18 de diciembre de 2013
Idioma: Español
Número de páginas: 44 páginas
ASIN: B00HEOGHDY


Sinopsis


Seth lleva una eternidad atrapado en un marchito cuerpo, momificado en vida por un error del que se arrepentiría siempre. Sin esperanzas, cada día se alimenta de las ansias de venganza contra el hombre que le maldijo, hasta que la la vio por primera vez, tan hermosa, reduciéndole a un ser que anhela tocarla, hacerla suya. Aquella mujer era la luz que le iluminaba cada día, que le hacía sentir, maldecir, anhelar.

Pero sólo puede soñar detrás de una vitrina del Museo en el que le confinaron los mortales que lo sacaron de la tumba, en el que le encerraron los jueces y verdugos que le redujeron a ese estado.

¿Qué sucedería si una noche la fortuna estuviese de su lado y la maldición se rompiese?

Seth lo tenía claro, la haría suya, aquella mortal que tanto le atormentaba iba a ser suya, en cuerpo y...alma, la iba a devorar, bebiendo sus jadeos, sus gemidos de placer, la deseaba como nunca antes deseó a nadie, sólo que ella aún no lo sabía, pero él estaba más que dispuesto a mostrárselo.

Oh, sí.


Mi opinión

¡Relato corto pero caliente!
Así es El anhelo de Seth, no quiero entrar en detalles, ya dice mucho la sinopsis, pero sí diré que es un relato que puedes leer entre libros de más páginas y poder despejarte, vamos que es para leer si te quedas con la famosa "resaca literaria".

Parece que tiene otra parte que espero que no tarde en salir porque tengo muchas ganas.
Además tiene ese toque sobrenatural que me gusta tanto, un Dios maldito por otro. Fascinante.
Y luego hay otro relato dentro de este libro, al final, mucho más corto, de un vampiro que el amor llama a su puerta.

El anhelo de Seth está cargado de mucha pasión y romanticismo, que al menos a mi me ha dejado con una sonrisita.



Mi recomendación






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¡Nos vemos!

Reseña #64 | Oceanos de oscuridad 2 | Ro. A. Ochoa y Yolanda Garcia

20/4/15

¡Hola Lovers!

A pocos días de que salga la tercera y última parte de la trilogía aquí dejo la reseña del segundo libro sobre estos vampiros.


Tempestades - Roser A. Ochoa y Yolanda Garcia






Datos del libro
Fecha de lanzamiento: 30 de septiembre de 2014
Idioma: Español
Número de páginas: 474 páginas

Sinopsis


Cuando el fuego y el hielo se mezclan se originan Tempestades.

Nada podía hacerle suponer a Stephano, vampiro milenario de probada templanza, que todo su mundo se vería sacudido por lo que, a priori, iba a ser una simple misión, recoger en Alaska a una díscola vampira que lleva casi cuatro siglos dando esquinazo a todos los miembros de la Fortaleza, y trasladarla hasta Suiza. Pero nunca nada es lo que parece, e intentar mezclar en la misma frase Ever y la palabra simple va a resultar una tarea imposible.

Ever, descarada, segura, caótica, representa el mayor reto con el que el ex Templario, organizado, frío y solitario, va a tener que enfrentarse jamás. Además ambos se van a ver mezclados en la clandestina relación de Marco Vendel, líder del Consejo, con Alessandra, una humana de la que se ha enamorado, y por la que va a poner en peligro todo su mundo y su estilo de vida, y en esa vorágine a la que se ven arrastrados, ellos mismos se tendrán que enfrentar a sus propios demonios.

En un marco incomparable, en plena selva de Hanoi y viviendo al límite de sus posibilidades, nace una historia de tal intensidad que amenaza incluso con destruir a dos seres a priori inmortales.

Tempestades es la ampliación de Océanos de Oscuridad, una historia diferente, profunda, sugerente, de sinceridad extrema, de arriesgar no solo sentimientos sino voluntades, haciendo trampas y quiebros al destino si eso fuera necesario… Dos seres contrapuestos pero necesitados el uno del otro.


Mi opinión

Bueeenoooo~ Ya traigo esta reseña vampírica.
En este libro se nos narra la visión en paralelo de lo que no vemos en el primer libro, o sea, está narrado por Ever y Stephano, y un poco con Marco y Aless.
Aquí conocemos más a Ever y Step, que es lo que dije en la otra reseña que le faltaba al libro saber más de estos dos.

Nos vamos a Alaska con Step a buscar a Ever, una "chiquilla" de 400 años que ha dado esquinazo al Consejo por todo ese tiempo. Vemos como Ever y Step se van conociendo al paso de las paginas.

Conocemos como ellos dos fueron convertidos en vampiros y como se van enamorando.

Es una lectura muy divertida con las ocurrencias de Ever, una narración fluida. Me encanta esta historia paralela a la de Marco y Aless, me ha gustado saber que era lo que no se veía en el primer libro.
Y como siempre me he quedado con las ganas de saber como sigue porque estas chicas han dejado lo mejor para el final... Pero no del libro sino para el tercer libro, que ya está en pre-venta y que en nada caerá en mis manos para hacerle reseña.
Lo mejor es que olvido que son vampiros si no fuera por las referencias que no pueden salir al sol. Son tan geniales...
Me tienen atrapada estos vampiros jajajaja



Mi recomendación






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¡Nos vemos!

Relato | El San Valentín de Amanda | Final

14/4/15

Cuarta Parte




– Bueno, ¿me muestras el resto de la casa o vamos a tu habitación? – pregunté dejando besos por su cuello. Estiré del coletero de su cabello dejándolo suelto.
Tomó mi rostro entre sus manos y nos acercamos para besarnos, la tormenta de antes se desató de nuevo en mi interior haciendo que gimiera, dentro de su boca acariciando nuestras lenguas.
– Mi habitación está arriba, vamos – llevó sus manos al borde de mi abrigo, sacándolo cayó al suelo junto con mi bolso, hice lo mismo con su chaqueta que quedó junto con mi abrigo.

Tomados de la mano fuimos a la escalera subiéndola entre besos. Recorrimos un pasillo oscuro hasta llegar a una puerta, Viktor la abrió de un empujón y entramos en ésta. Nos besamos de nuevo caminando hacia la cama que estaba en el centro de la habitación. 
Abrió la cremallera de mi vestido que cayó al suelo, saqué mis zapatos quedando delante de él con lencería de color negro. Al verla rió negando con la cabeza, nos besamos y mis manos fueron a su ropa para quitársela entre besos. 
Se separó de mi cuerpo, donde nos quedamos mirando el cuerpo del otro con atención. Había fuego en sus ojos, esa chispa excitante entre los dos prendió de nuevo.

– Voy a morderte, así las mordidas de David ya no estarán, nunca llegué a pensar que te las hiciera y luego ya no te prestara atención – comentó acariciando mi cuello por encima de las marcas, miró hacia mi pecho, con la mano libre arrancó el sujetador de encaje dejando mis senos libres.

Hizo lo mismo con mis braguitas, dejó la tela caer al suelo e inclinándose sobre mi cuerpo lamió las marcas. Jadeé echando la cabeza hacia atrás, me cogí a sus hombros para no caer aún en la cama. Pronto sentí hundirse sus dientes allí donde David mordió hacía unos días, no pude evitar caer en la cama quedando sentada y jadeando.

Me recosté en ésta abriendo las piernas, le hice un gesto con la mano para que se acercara. Subió a la cama quedando encima de mi cuerpo, besó mis labios acariciando con sus manos mis pechos, mordió mi cuello fuerte haciendo que gimiera alto hundiendo mis uñas en la carne de sus hombros. 

Me encontraba con los ojos cerrados cuando noté un gusto a hierro en mi boca, abrí los ojos y vi que tenía la muñeca de Viktor cerca de mis labios, lamí estos y abriendo la boca dejé que acercara de nuevo su muñeca, mordí esta haciendo que mi boca se llenara con su sangre, nos mirábamos fijamente, yo seria y él con media sonrisa. Sabía lo que eso significaba pero estaba dispuesta a correr riesgos, si él no era el adecuado, tendría toda la vida a encontrar a alguien que fuera para mí. 

Lamí su muñeca apartándola de mí y luego lamí mis labios. Ni siquiera me había dado cuenta que tenía su pene dentro de mi vagina. Mordí mi labio inferior ahora sonriendo y tomando mis cadera comenzó un vaivén de nuestras caderas chocándose la una contra la otra. 
Nuestros dedos se entrelazaron, nos besamos de nuevo y esa tormenta seguía creciendo en mi interior, ahora sabía que mi cuerpo se había estado preparando para ese intercambio de sangre.
Un orgasmo se construyó en mi interior, Viktor comenzó entonces a ir más rápido y fuerte, los dos gemíamos a la vez, los suyos parecían más a gruñidos pero no importaba porque mis gemidos eran más altos de lo que solía hacer. 

Nuestras bocas se unieron de nuevo hasta que llegó uno de los orgasmos más épicos que había tenido desde que comencé a tener relaciones sexuales. Mis ojos se quedaron en blanco por la intensidad y luego mi cuerpo se quedó relajado debajo del suyo. Nos quedamos jadeando con los ojos cerrados, abracé su cuerpo y suspiré del gusto. 

Cuando se separó de mi cuerpo nos acomodamos en la cama bajo las sábanas, me acurruqué contra su cuerpo abrazándonos. Cerré los ojos notando las caricias en su cabello haciendo que me relajara un poco más. 

– Odio San valentín – dijo Viktor de repente, parpadeé y comencé a reír por lo que había dicho. Negué con la cabeza y lo atraje un poco más a mí para besar sus labios.
– Mira que bien, yo también odio San Valentín. – ahora fue él quien se rió, dejó un beso en la cabeza.
– Entonces feliz día – dijo besando y mordiendo mi cuello.

Cuando me desperté a la mañana siguiente me dolía la cabeza, llevé una mano a ésta y me quedé mirando a mi alrededor. Recordé que había ido con David a la fiesta pero salí poco después con Viktor, miré a mi lado encontrándolo dormido. Sonreí y acaricié mi cuello, me levanté saliendo de la cama y me acerqué a un a puerta que esperaba que fuera el baño, al abrirla un enorme baño se mostró. Cerré la puerta cuando entré e hice mis cosas, luego regresé a la cama, me abracé a su cuerpo desnudo y cerré los ojos quedando dormida de nuevo.
Tenía todo el fin de semana para disfrutar con él, un vampiro que me hacía ver las estrellas.

Pasé un fin de semana de lujo, montando a caballo, paseando por el lago que había dentro del bosque donde nadamos desnudos e hicimos el amor en el agua y entre los árboles. 
Entre tanta pasión y lujuria, mezclamos nuestra sangre, sentía más cambios en mi cuerpo, mejoras en mis cinco sentidos, mi cuerpo parecía moldearse y perder algo de peso, pero siempre manteniendo mis curvas. 

El domingo en la cama los dos abrazados Viktor dijo lo que ambos nos habíamos negado a hablar en todo el fin de semana. 

– Tenemos que ir a ver a David y decirle que ya no trabajas para él. – me apretó contra su cuerpo un poco más quedando encima de su cuerpo desnudo.
– Lo se... Ni siquiera me ha llamado al móvil. – alcé la cabeza para mirarle y fruncí el ceño – ¿Quién era esa mujer? – ladeé la cabeza al ver que apartaba la mirada de la mía por lo que profundicé más el ceño.
– Es su mujer Mandy – dijo por fin en un susurro. Nos miramos y abrí la boca para decir algo pero la cerré sin saber muy bien que decir. – Desde hace mucho tiempo que lo es, lo que no se es porque ha venido aquí si estaba en Japón con su último amante.

Apoyé de nuevo la cabeza en su pecho abrazando más su cuerpo, cerré los ojos queriendo saber porqué había dicho David que yo era suya, que me mordiera y luego no se preocupara por que me fuera con Viktor. 

Por la mañana no quería salir de la cama de Viktor, ni separar mi cuerpo del suyo, pero tenía que saber porqué tanta mierda sobre ser de David. Desayuné en su cocina, sentada encima suyo en silencio y sin decir nada. 
Pasamos por mi apartamento donde me cambié de ropa, luego fuimos a las oficinas y al despacho de David. Él ya estaría allí por lo que con paso firme fui a su despacho, Viktor tomó mi mano y sonrió hacia mi pero luego se puso serio cuando llegamos a la puerta de David. 
No dije nada sobre la nueva chica que había ocupando mi escritorio, humana. Pobre incauta, cómo había sido yo hacía más de seis meses. Entramos al despacho sin dejar que aquella boba nos anunciara, no teníamos porqué. 

David Preston se encontraba detrás de su escritorio, serio y calmado, mirando entre los dos. Apreté la mano de Viktor y éste me devolvió el apretón. 

– ¿Porqué David? ¿Porqué lo has hecho? – pregunté sorprendiéndome de que no me temblara la voz. No me moví del lugar, alcé la barbilla sin querer que me intimidara su postura ahora que se había levantado de la silla.
– Simplemente por que puedo Amanda Scott. Por que puedo – respondió él sin cambiar su gesto.

Dejé escapar el aire y me giré hacia Viktor, le sonreí levemente y miré de nuevo hacia David. Cogí aire apretando de nuevo la mano de Viktor.

– Entonces no me verás más, como ya he podido ver tienes otra secretaria besando el suelo por donde pisas. – sonreí sin apartar la mirada de él. – Me llevo a Viktor conmigo, o él me lleva a mi, me da igual. No todos los hombres son iguales, ni todos los vampiros son como tú de estúpidos. Gracias por todo David Preston y hasta nunca.

Dejé la mano de Viktor girándome y salí del despacho, me paré delante de la humana y le sonreí mostrando mis colmillos.

– Ve con cuidado, no todas sobreviven a David Preston, Angélica – le miré arrogante, al sentir a Viktor a mi lado me cogí a su brazo. – Yo por suerte lo he hecho, ya lo hice una vez hace años, pero ahora me he liberado de él.

Solté una carcajada al ver la cara de desconcierto de la chica y caminé con Viktor por el pasillo para salir de las oficinas. 
Gracias a Viktor había recordado mi vida pasada, una donde vivía en las Highlands y había conocido a David Preston, me había enamorado de él y me destrozó el corazón y el alma al irse con otra. Con la mujer del Rapsodia. Había recordado todo en la ducha de la casa de Viktor, y poco a poco lo había hecho el fin de semana. 

Morí sola.

Pero el destino había escogido que volviera a la vida después de tantos años, no le había hecho daño a David, no servía de nada, pero ahora podía vivir una vida que no había vivido antes por la enfermedad que me comió entera. Viviría para siempre al lado de Viktor, cuando fuera la hora iría por mi cuenta a buscar a alguien más, o simplemente iría con Morgan o Markus, no volvería con David. Ya no. 

– Ahora te recuerdo, eras Elizabeth McCarrick una de las pocas Laird de las Highlands – dijo Viktor sorprendido mirándome fijamente. Sonreí asintiendo y señalando hacia el coche.
– Sí, y ahora vamos, quiero ir a casa – murmuré caminando con él hacia su coche. – Vamos a las Highlands... Mi castillo y mi gente me está esperando.


Así fue como desperté, cambié mi nombre a Amanda McCarrick, descendiente directa de Elizabeth McCarrick, todo el mundo pensaba que había muerto sin descendencia, pero nadie preguntó nada al verme, todos me aceptaron como la nueva Laird y a Viktor como mi esposo. 
Era feliz en mi castillo, con mi gente, con Viktor a mi lado y lejos de David Preston. 

Amanda McCarrick la Laird inmortal. 







Relato | El San Valentín de Amanda | Parte 4

Tercera Parte




– Mandy... Estoy en medio de una reunión, no vuelvas a hacer lo que has echo si no quieres que te haga el amor con público. – llegó hasta mí y tomándome de la cintura nos besamos de una manera salvaje, nuestras lenguas se encontraron acariciándose y nuestros cuerpos se unieron, noté su erección apretada en su pantalón por lo que gemí queriendo que cumpliera lo que había dicho aunque sabía que eso estaba más que mal.

Por suerte nos separamos los dos al mismo tiempo, jadeando y mirándonos con los ojos vidriosos por la lujuria. Llevé mis manos al pañuelo y lo desaté, me estaba molestando demasiado.

– Esto no quedará así Amanda – dijo David con los dientes apretados y la mandíbula tensa. Se giró sobre sus talones y regresó a su despacho donde se escucharon más risas.

Suspiré apoyando mi cuerpo en el borde de la encimera de mármol intentando recuperar el aliento  y la compostura para regresar a mi mesa y seguir con el trabajo.

A la hora del almuerzo, iba a ir a la cafetería a calentar el tupper, me encontraba de pie cuando la puerta del despacho de David se abrió por fin, pero salió Viktor Williams, un elegante hombre con el cabello largo recogido en una coleta baja, su cabello de color negro hacía juego con el color de sus ojos negros como la noche, al igual que hacía juego con su traje totalmente negro, parecía que le gustaba lo negro.
Nos quedamos mirando al otro sin decir nada. Él parecía analizarme de arriba a bajo y de regreso, estaba serio pero sus ojos parecían divertidos al llegar a mi cuello. Fue cuando recordé que la mordedura de David no estaba oculta por el pañuelo.

– ¿Puedo ayudarle en algo señor Williams? – pregunté algo incómoda por su revisión a mi cuerpo e imagen.
– Sí... David dice que en la nevera de la cafetería hay unas cervezas, ¿Podrías traer las seis que hay? – preguntó con media sonrisa antes de entrar en el despacho.
– Se dice por favor, ¡merluzo! – escuché desde dentro la voz de Markus White. Viktor puso los ojos en blanco y se volvió hacia mi.
– Por favor Amanda – volvió a sonreír levemente haciendo un gesto con la cabeza y luego se metió en el despacho sin esperar respuesta.

Suspiré negando con la cabeza y fui hacia la cafetería. Saqué las seis botellas de cerveza, el tupper lo metí en el micro encendiéndolo y luego saqué el abridor junto con la bandeja y puse las botellas encima de ésta con el abridor.

Fui con la bandeja en las manos, llegué a la puerta e iba a llamar cuando ésta se abrió sola dejando ver a los hombres que estaban reunidos alrededor de la mesa de David, me acerqué a ella dejando la bandeja, sentía los ojos de los hombres sobre mí, con un gran silencio. Vi de reojo a Viktor al lado de David y a éste con una sonrisa.

– Si necesitan algo más, estaré almorzando en mi escritorio. – dije con una sonrisa. Me giré y salí del despacho cerrando la puerta.

Llegué a la sala y saqué el tupper del microondas, cogí un tenedor y sentándome en la silla delante del escritorio comencé a comer la ensalada de pasta con pollo de la noche anterior y una botella de agua con  lima. Sabía que todos me habían mirado el cuello por lo que comencé a preguntarme si los cinco hombres que estaban reunidos con David también eran vampiros como él. Tal vez por eso se reían, por las reacciones de David cuando me acariciaba las marcas de las mordidas.

Llevé la mano a las marcas del cuello y las acaricié, segundos después se escuchó un gruñido y las risas de los hombres que habían en el despacho de David. Si no las tocaba no pasaba nada, pero si lo hacía parecía que el placer le llegara también a él. Suspiré dejando mi cuello y seguí comiendo tranquilamente. Pero la excitación que cargaba en mi cuerpo desde que David me había besado por la mañana, no me daba un respiro.
Así que cuando fui a limpiar el tupper después de terminar la ensalada, volví a acariciar mi cuello, que sufriera él un poco al igual que yo era lo justo, aunque con ello mi excitación se aumentara un poco más. Iba a secar mis manos cuando noté en mi espalda su calor y sus manos coger mis muñecas. Jadeé cerrando los ojos con media sonrisa cuando sus labios besaron mi cuello, luego su aliento chocaba en mi oreja.

– Deja de provocarme Mandy, porque en vez de cenar comida, te cenaré, y no quiero llegar tarde a la fiesta de Morgan. – susurró en mi oreja haciendo que me estremeciera y mi vello se pusiera de punta ante la idea de estar desnuda en la cama con él también desnudo encima de mi cuerpo.
– Esa sería una idea maravillosa, David – susurré dándome la vuelta en su abrazo. Le miré sonriendo, alcé las manos y acaricié sus mejillas. David movió un poco su rostro hacia una de mis manos buscando el contacto, luego cogió mis muñecas y besó las palmas de mis manos.
– A mis amigos les divierte lo que estás haciendo. – dijo mirándome a los ojos con media sonrisa, dejó mis manos y abrazó de nuevo mi cuerpo por la cintura. – Viktor y Markus se alegran que siente por fin la cabeza, aunque les he dicho que aún no es nada fijo, a ellos parece ser que les da igual. – apoyó su frente en la mía cerrando los dos los ojos, yo intentaba no reír por lo que pensaban esos hombres amigos de David.
– ¿Ellos son como tú? – pregunté abriendo los ojos y dejando un beso corto en sus labios, necesitaba sentirlos sobre los míos.
– Lo son... Y son mis amigos desde hace mucho tiempo Mandy, tanto que casi no lo recuerdo. – se formó una sonrisa tan seductora que hizo que me temblaran las piernas. – Por cierto, Morgan también lo es. – dejó escapar una carcajada y besó mis labios.

Más bien estuvimos un rato besándonos, con los cuerpos bien unidos, sus manos enredadas en mi cabello y las mías en el suyo. No se escuchaba nada en la oficina, pero ambos sabíamos que sus amigos estaban en su despacho. Su boca se separó de la mía y fue bajando hasta llegar a mi cuello donde lo mordisqueó y lamió, un jadeo salió de mi boca, tenía los ojos cerrados disfrutando de lo que hacía en mi cuello y la cabeza ladeada para dejarle más espacio.

Gemí cuando noté que mordía mi cuello, en concreto en la marca del día anterior. Mis manos bajaron por su cuerpo hasta llegar a la cintura de su pantalón, abrí la cremallera y metiendo la mano dentro descubrí que iba de comando, su piel era suave al tacto, caliente y duro como el acero.

– Mandy... Eres pura tentación – gimió aun en mi cuello, lamió y besó una vez más y separándose un poco de mí nos miramos a los ojos. Sonreí y acercándome lamí sus labios para luego besarnos. – Realmente tengo que regresar con los chicos, Mandy – susurró dejando besos cortos en mis labios mientras decía eso. Pero ambos sabíamos que ninguno de los dos quería separarse del otro.

No sabía de dónde venían esas ganas de estar con él, podría ser que siempre habían estado dentro de mí, pero había negado de esos sentimientos desde que me había dado cuenta que no podía hacer nada contra todas aquellas modelos. Saqué la mano de su pantalón con los ojos cerrados y me aparté de su cuerpo unos centímetros.

– No quiero ser una más David – susurré apartándome un poco más hasta casi quedar cerca de la puerta. Vi como se apoyaba en el mármol con la cabeza agachada.
– Lo recuerdo Amanda, pero recuerda que ibas a intentar darme una oportunidad después de esta noche. – dijo con voz calmada pero algo ronca por la excitación
– Sí, te la daré pero no quiero que te acuestes con otras, tendremos exclusividad. Si me entero o veo que no lo cumples me iré de aquí, dejaré de ser tu secretaria y no me verás más por más que me busques. – le dije con los brazos cruzados mirándole desde el marco de la puerta. Se había girado hacia mí para verme, parecía calmado por lo que le decía, no se veía arrogante como normalmente.



– Eso no pasará Mandy, las marcas te unen a mí. Eres mía y yo soy tuyo, no hay más que hablar, te escogí a ti por encima de todas esas modelos, porque me pareces una chica interesante con un fuerte carácter. – se acercó a mí acariciando mis mejillas, me tomó del rostro con suavidad y nos besamos de nuevo por unos segundos, luego se separó y se fue al despacho, donde los chicos cuando le vieron entrar dijeron a la vez “¡Ya era hora!”.

Reí entre dientes yendo a la mesa y me senté para seguir trabajando.


Pasadas dos horas, salió Viktor del despacho, cerró la puerta tras de sí y se acercó hasta donde estaba sentada, se agachó hasta quedar cerca de mi rostro y susurró.

– Si David llegara a cansarse, sólo llámame, tienes mi teléfono, iré a buscarte. – acarició mi cabello enredando un mechón en su dedo índice y siguió – Y no te preocupes por las marcas, sé cómo cambiarlas. – rió suavemente en mi oreja y dejó un beso en mi cuello por encima de las marcas de David, se levantó y se separó de mi.
– Gracias por tu oferta Viktor, pero no creo que eso llegue a pasar. – sonreí levemente cogiendo el pañuelo y me lo puse al cuello.
– Bueno, sólo tenlo presente por si algún día llegara a ocurrir. – sonrió y se fue por el pasillo silbando.

Negué con la cabeza incrédula por lo que me había dicho de llamarle si David me dejaba. Seguí con el trabajo y cuando regresó ni siquiera le miré cuando pasó por delante de mi mesa y entraba en el despacho de nuevo.


A la hora de salir esta vez la puerta del despacho no se abrió por lo que recogí mis cosas y la mesa llena de papeles, guardé las carpetas en los archivadores, me puse el abrigo y con el bolso fui a la cocina para coger el tupper, lo guardé y me fui de la oficina. Sólo esperaba que no tardara en terminar la reunión con sus amigos.

Llegué a mi apartamento, me duché y luego me puse a preparar la cena. Hice pollo al limón con patatas al horno. Cuando quise darme cuenta llamaron al timbre. Sonreí quitándome el delantal, debajo tenía el vestido nuevo que me había comprado. Abrí la puerta encontrándome con un David vestido con un pantalón tejano azul descolorido, una camiseta azul oscuro y una chaqueta de cuero con bufanda al cuello. Me miró de arriba abajo con una sonrisa, dio un paso adelante y tomándome de la cintura, me atrajo a su cuerpo y nos besamos.

– La cena se enfría, David... Has llegado cuando sacaba la bandeja del horno – dije al separarme de sus labios. Lo tomé de la mano entrando en el apartamento.
– Huele bien, ¿Pollo y limón? – preguntó sentándose en la silla que le indiqué. Le sonreí y entré en la cocina para preparar el plato.
– Sí, he hecho pollo al limón y patatas al horno, espero que te guste – dije aún con una sonrisa dejando los platos en la mesa, quedamos uno al lado del otro, se inclinó hacia mí y nos besamos una vez más.
– Seguro que me gusta si lo has hecho tu. – susurró en mis labios dejando un corto beso, nos separamos y nos pusimos a comer el pollo.

Comimos en silencio, al menos al principio, tenía preguntas por hacerle pero no estaba segura de querer saber las respuestas. Bebí un poco de vino tinto y le miré ladeando la cabeza.

– ¿Cuantos años tienes David? – le miré con suma curiosidad, comí un trozo del pollo esperando una respuesta, sonreí un poco para animarle.
– Si mal no recuerdo tengo seis siglos Mandy, también los chicos rondan la misma época – dejó escapar una carcajada al ver mi cara boquiabierta.
– ¿Morgan también? – pregunté sin creer que tuvieran tantos años. Él sonrió asintiendo con la cabeza y bebiendo un poco del vino.
Parpadeé sin creerlo aún, fruncí el ceño y seguí comiendo, miré mi plato y luego al suyo dándome cuenta de que estaba comiendo comida normal.

– ¿Y qué pasa con la comida y la sangre? – le señalé con el tenedor lleno de patata. – ¿Y qué me dices del sol? ¿Eh? – le fruncí el ceño y llevé el tenedor a mi boca comiendo sin dejar de mirarle.
– Lo de la comida y la sangre puedo decírtelo, pero lo del sol.... digamos que si te lo digo pierdo el misterio, ¿no crees? – sonrió llevando un trozo de pollo a su besable boca.
– Bueno, entonces dime lo de la comida – respondí con resignación terminando las patatas y bebiendo un poco más del vino.
– Bebo sangre antes de comer – se limpió la boca con la servilleta y dejándola alzó las cejas con una sonrisa.
– ¿Sangre de donde? – pregunté aun con el ceño fruncido, David movió las cejas y suspiré – está bien me doy por vencida – cerré los ojos pero luego le miré de nuevo – pero algún día tendrás que decírmelo.

Alzó las manos en señal de rendición con una sonrisa, haciendo que sonriera yo también, me levanté cogiendo los platos llevándolos a la cocina, saqué una copa con helado y dos cucharas. Regresé al comedor, dejé la copa delante de él y me senté en su regazo con una sonrisa. David pasó sus brazos por mi cintura acomodándome mejor encima suyo y cogiendo un poco de helado y comí un poco, me giré hacia él y nos besamos probando el helado entre los dos, me aparté cogiendo un poco más de helado y haciendo de nuevo lo mismo. Así nos pasamos hasta que se terminó el helado.

– Voy a terminar de arreglarme – sonreí dejando un beso en sus labios y me levanté para ir al baño.
Era la primera vez que compartía un postre con alguien, ni siquiera lo hice con mi ex ya que a él no le gustaba el helado. Me limpié los dientes y luego arreglé mi cabello. Salí del baño y regresé al comedor, me puse un abrigo encima del vestido de color rojo.
– ¿Te he dicho que estás hermosa con ese vestido? – preguntó apretando mi cuerpo al suyo besando mi frente.
– No, tus acciones me lo han dicho. Y más tus besos – sonreí acariciando sus mejillas. Nos miramos por unos segundos.
– Vamos llegaremos tarde a la fiesta de Morgan – me tomó de la mano y con la libre el bolso donde me lo tendió, me lo puse en el brazo libre y cogiendo las llaves salimos del apartamento.


Reí al ver el coche que tenía, tan llamativo como el dueño. Condujo por entre las calles de Londres hasta llegar al Rapsodia, había una cola de personas impresionante, dejó el coche en el aparcamiento, salimos y nos acercamos a la entrada.
El portero al ver a David hizo un gesto con la cabeza, saqué del bolso la invitación entregándola al hombre, la vio con atención, me miró a mi y luego a David. Asintió con la cabeza devolviendo la tarjeta y la metí en el bolso a la vez que entrábamos por la puerta a la discoteca. Dejamos los abrigos en el guardarropa y fuimos por la sala llena de gente y de música.
Poco a poco me estaba dando cuenta de que la gente nos miraba, haciendo que me preguntara, si era porque David estaba para comérselo, porque yo estaba con él, o porque todos sabían que David es un vampiro y ellos también lo eran. Noté su brazo en mi cintura atrayéndome a su cuerpo. Sonreí levemente y le di un beso en el cuello.

– ¿Nos miran porque me tienen envidia o por que ellos también son vampiros? – susurré aún cerca de su cuello mirando de reojo a la gente.
– Las dos cosas, Mandy – respondió él volviéndose hacia un camarero que pasaba cerca y cogió dos vasos con lo que parecía ser bloody Mary. Alcé una ceja cogiendo el vaso y lo examiné con algo de disimulo.
– ¿No es bloody mary cierto? – sonreí levemente olisqueando por encima del borde del vaso. Me sonrió y le dio un sorbo a su bebida.


Me giré hacia la gente que aún algunos nos miraban y vi que se acercaba a nosotros Morgan. Le sonreí mostrando divertida mi vaso, Morgan soltó una carcajada y llegó a nosotros.

– Me alegra ver que estáis juntos, aunque no todas puedan decir lo mismo – dijo él a modo de saludo besando mis mejillas.
Dio una mala cara a mi bebida y luego miró hacia David frunciendo el ceño.
– Tranquilo Morgan, que no lo voy a beber – sonreí dejando el vaso encima de la bandeja de un camarero, éste me miro con cara de circunstancias y luego a Morgan con cara de susto.
– Simplemente dale una copa de champán o lo que ella quiera – le hizo un gesto condescendiente Morgan y el camarero me miró sin decir nada pero esperando.
– Un ron con cola, gracias – sonreí hacia el camarero que éste se puso en marcha hacia la barra.

Al girarme hacia David lo vi hablando con una mujer que parecía bien melosa con él, suspiré sin saber muy bien si molestarles. Miré ahora a Morgan que estaba en una posición de madre enfadada con los brazos en jarras y fulminarle con la mirada.
Sonreí hacia Morgan cuando noté unas manos agarrando mi cintura, la cara de sorpresa de Morgan fue de risa, además que se había quedado boquiabierto por quien me cogía, por ese gesto en su rostro supe que no era David.

– No me puedo creer que se cansara tan rápido – dijo en mi oreja la voz de Viktor, su pecho se pegó a mi espalda haciendo que sus brazos rodearan todo mi cuerpo. – ¿Has hecho algo que provocara su cansancio?
– Quedamos en que le daría una oportunidad a partir de hoy, pero parece que no se la está ganando.  – respondí apoyando mi cabeza en su hombro y miré de reojo a Morgan que ahora tenía cara de disgusto.
– No me lo puedo creer...  – dijo Morgan incrédulo al ver que David ni siquiera había reparado en que estaba en los brazos de Viktor y viendo que David se iba con aquella mujer de pasarela.

– No te preocupes Morgan, sabía que esto pasaría. – le sonreí intentando quitarle importancia. – Viktor... ¿necesitas una secretaria? Creo que voy a dejar la empresa en la que estoy ahora. – me giré hacia él con media sonrisa. Viktor me miró fijamente hasta que sonrió y asintió con la cabeza.
– Me vendría genial una secretaria como tú, Mandy – los dos miramos a Morgan, me separé de los brazos de Viktor y me acerqué al rubio.

– Tal vez no hayas enviado tu mi invitación, pero te doy las gracias por haberte preocupado ahora por mi. Espero verte pronto de nuevo. – le di un beso corto en los labios y me separé de él, pero me cogió del brazo con suavidad.
– ¿Estás segura de querer ir con Viktor? Él tampoco es de los que tienen una relación estable con una única mujer. – dijo con preocupación. Me giré hacia el mencionado que se encogió de hombros sonriendo ya que lo había escuchado, luego me giré buscando a David, pero parecía que se había escondido con la mujer, miré de regreso a Morgan y sonreí negando con la cabeza.
– Estoy segura Morgan, Viktor está aún aquí, David no, por lo que yo decido con quien paso hoy la noche. Mañana que pase lo que quiera, tal vez me muera – reí por mi broma y abracé a Morgan antes de ir con Viktor. – Puede que al final no esté hecha para relaciones con un solo hombre.

Me giré a Viktor que sonrió abriendo sus brazos, me acurruqué contra su cuerpo cuando me abrazó y nos besamos, la chispa que sentía con David, con Viktor pareció intensificarse hasta crear una tormenta. Nos separamos después de ese beso demoledor y jadeando susurré.

– Sácame de aquí, Viktor. – escondí mi rostro entre su cuello y su hombro – no quiero ser más humillada.
– Claro – respondió dejando un beso en mi cuello.

Me separé de su cuerpo quedando su brazo por mi cintura y caminamos hacia la salida, ni siquiera me importó la bebida que había pedido. No quería estar allí, era un mundo de vampiros, uno que aún no estaba hecho para mí.

Llegamos al guardarropa, Viktor pidió mi bolso y la chaqueta, cuando la chica lo dejó en el mostrador Viktor me puso el abrigo y luego cogí el bolso. Salí de su mano, nos acercamos al aparcamiento. Se había levantado frío, por lo que me pegué más al cuerpo de Viktor viendo que aún había gente esperando en la entrada.
No les di importancia, al llegar abrió un mercedes de color negro, haciendo que riera por la vista, Viktor seguía vistiendo de negro, todo lo de Viktor era de color negro. Abrí la puerta del coche sentándome en el asiento pasajero poniendo el cinturón y cuando se subió nos pusimos en marcha saliendo del aparcamiento del Rapsodia. Cerré los ojos quedando el coche en silencio.

Cuando el coche se detuvo abrí los ojos viendo que no estábamos en mi apartamento, aunque no quería ir y recordar lo que había compartido con David. Miré por la ventana la casa que se alzaba entre varios árboles, era de estilo victoriano de color claro.
Vi a Viktor que me esperaba y le sonreí señalando la casa, salí del auto y me estiré parecía que habíamos tardado en llegar.

– Creí que tu casa sería de color negro – reí haciendo que él también se riera, me tomó de la mano y besó el dorso de esta mirándome fijamente.
– En mi casa lo único de ese color es mi ropa y las de la cama – sonrió y comenzamos a caminar hacia la entrada de la casa cogidos de la mano.

Ahora mismo no me importaba estar fuera de Londres, tampoco que tal vez Viktor y David dejaran de ser amigos por mi causa, ni que era lo que iba a hacer mañana por la mañana cuando ya no fuera San Valentín.
Viktor abrió la puerta, dejó que entrara primero, viendo la entrada y parte del gran salón que se abría a mis ojos. Todos los muebles eran art-decó y vintage, también habían algunos cuadros con pinturas de paisajes, pero una me llamó la atención. Me acerqué a esta viendo a siete hombres, dándome cuenta de que eran los de la reunión de esta mañana, entre ellos; Markus, Viktor, Morgan y David.

– Esa pintura es de cuando estábamos viviendo en Escocia – dijo Viktor a mi espalda. – Es sorprendente que después de tantos años aún todos estemos juntos. Como una familia bien avenida. – escuché su risa y abrazó mi cintura, apoyé mi espalda en su pecho y la cabeza en su hombro.
– ¿Me estás diciendo que ellos son tus hermanos? – le miré frunciendo el ceño, él sonrió asintiendo por lo que volví a mirar hacia el cuadro.
– Morgan... Es el padre biológico de David y Markus, los demás somos hijos de sangre, digamos que él nos convirtió en vampiros. – dijo con un tono nostálgico apretando mi cuerpo más entre sus brazos.

Me giré hacia él en su abrazo y acaricié sus mejillas con media sonrisa. No sabía porqué quería tenerme a su lado y no al lado de David, pero parecía que a Morgan tampoco le importaba que no estuviera con David, supuse que entre ellos se conocen, sobre todo con los años que llevaban juntos. Besé sus labios dándome cuenta que quería estar más con Viktor que con David.



Continuará


Final

Relato | El San Valentín de Amanda | Parte 3

Segunda Parte






Tenía que poner en orden mis ideas, que me besara me había dejado desconcertada y sintiendo cosas que antes con mi ex no sentía cuando me besaba.
Que tuviera los colmillos más alargados y puntiagudos que otra gente también me había dado que pensar, pero pronto me olvidé de ellos.


Llegué a casa dejando el bolso en el sofá, el ramo en la mesa de café, fui a mi habitación y me quité la ropa, vi las braguitas destrozadas y suspiré notando los pezones duros por la reacción de recordar cómo las había roto, las dejé caer al suelo y fui desnuda al baño, abrí el agua caliente de la ducha y al verme en el espejo y un pequeño salto al ver cómo estaban mis pechos, tenían unas marcas rojo oscuro, me acerqué más a ver en el espejo y miré hacia abajo a estos y vi que parecían marcas de dientes. Jadeé al recordar que más de una vez David me había mordido fuerte mis pezones y los pechos, lo que no llegué a fijarme era si me había dejado marca hasta ahora que estaba desnuda. 

– Mi jefe no puede ser un vampiro... – susurré pasando un dedo por mi pecho haciendo que gimiera al notar que un calor se expandía por mi cuerpo desde las marcas. Cerré los ojos y bajé mis manos hasta mi vagina que se había humedecido de golpe. Abrí los ojos y me metí en la ducha dejando que el agua me limpiara y se llevara esas extrañas sensaciones que tenía sobre mi jefe.

Volví a cerrar los ojos con la cabeza hacia atrás notando el agua dar en mi rostro, pasé las manos por mi cuerpo imaginando que eran las manos del magnífico David Preston. Mi mano derecha acarició mi vientre y se metió entre mis piernas, metí dos dedos y los moví recordando la sesión de sexo mañanera en la cafetería. Apoyé la espalda en las baldosas, mi mano libre fue hasta mis pechos y noté que al rozar las marcas el calor invadía de nuevo mi cuerpo haciendo que moviera más los dedos dentro de mí. 

– Eso es Mandy, gime más fuerte – escuché su voz ronca en un susurro cerca de mi oreja al igual que su aliento en mi cuello.

Hice lo que me pedía sin dejar de mover los dedos, mis piernas temblaban, y de mi boca salían gemidos y su nombre una y otra vez. Sentía la presencia de David cerca de mi, susurrando palabras sucias para que siguiera masturbándome. Mi espalda se escurrió hacia abajo hasta quedar sentada y con las piernas abiertas, metí más mis dedos en mí, ladeé la cabeza hacia un lado y noté cómo David me mordía haciendo que gimiera en un orgasmo que hizo que todo mi cuerpo temblara y arqueara la espalda.

– Buenas noches Mandy... – escuché el susurro de David en mi oreja y su presencia desapareció cuando abrí los ojos pensando que estaba allí conmigo.

Miré confusa en el baño, no había nadie, estaba sólo yo, suspire y entre temblores me puse de pie y terminé de ducharme enjabonando mi cuerpo, luego aclaré mi cabello y cuerpo, cerré el agua y salí envolviendo mi cuerpo en unas toallas. Cada vez entendía menos lo que había pasado, tampoco sabía cómo se lo tomaría David cuando le dijera aquello, enrollé una toalla a mi cabello, fui a salir del baño pero lo que vi reflejado en el espejo hizo que parara y me mirara el cuello, habían dos marcas redondas de color rojo donde minutos antes no había nada, me fijé que se parecían a las marcas de mis pechos.
Jadeé llevando una mano a mi boca y me aparté del espejo, salí de la habitación y fui a la cocina a prepararme la cena.

Después de cenar y lavar los platos regresé a la habitación a ponerme el pijama, jadeé cuando la tela acarició las marcas de los mordiscos. Cerré los ojos por unos segundos, estaba dispuesta a preguntarle a David porqué tenía esas marcas, necesitaba respuestas.
Me tumbé en la cama pensando en cómo iba a decirle a David aquello, pero fue arroparme con la manta y quedarme dormida al instante.

Cuando abrí los ojos a la mañana siguiente cuando la alarma sonó suspiré, ya era 14 de febrero, había llegado el peor día del año para mi, pero tenía fuerzas de sobra para enfrentarlo, al igual que tenía que enfrentar a David.

Salí de la cama, fui a la cocina y preparé la cafetera, mientras se hacía el café fui arreglándome para ir al trabajo, me peiné el cabello viendo las marcas oscuras que tenía aun en el cuello, tenía que taparlas de alguna manera si no quería llamar la atención de la gente que pasara a mi lado cuando saliera a la calle.
Decidí que en vez de ponerme la corbata que iba con el traje, me pondría un pañuelo, salí del baño y abrí la cajonera buscando un pañuelo que fuera en conjunto con el traje y lo encontré, me lo puse en el cuello y lo cerré intentando que la marca no se viera.

Saqué la ropa del tendedero y la doblé mientras me tomaba el café con unas tostadas, la puse en los cajones de la habitación. Me fijé en que las rosas del ramo no estaban marchitas por lo que las puse mejor en un jarrón con agua y las dejé en la sala. Cogí el tupper con las sobras de la cena que guardé ayer y lo metí en el bolso. Salí del apartamento, cerré la puerta e hice camino hacia el trabajo.

Por suerte no habían aún parejas por la calle al ser un día laborable.

Al llegar a la oficina, dejé el tupper en la nevera y me puse a hacer café, si no era para ahora sería para un poco más tarde, no sabía a que hora había terminado la reunión de ayer, sólo esperaba poder hablar un momento con David.

Hice la misma rutina de siempre, dejé el bolso en el perchero, el abrigo y encendí el ordenador.
Al final tuve que ir a por un café con leche, volví a sentarme en la silla y a los tres minutos llegó David. Me levanté de un salto al verle y nos quedamos mirando fijamente por otros tres minutos más. 

– Buenos días Amanda – saludó con una sonrisa sin dejar de mirarme, pero me fijé en que estaba mirando mi cuello – Bonito pañuelo
– Buen día señor Preston – susurré de vuelta, mi mano derecha fue hacia el pañuelo y lo toqué levemente poniéndolo mejor. – Gracias señor – sonreí levemente y caminé hacia él quedando los dos cara a cara.

Su mirada siguió fija en mi pañuelo, su mano se movió hasta llegar a la prenda, donde la acarició y tiró de ésta hasta que el nudo quedó suelto dejando la marca a la vista. Me fijé en que sonreía, acarició la marca haciendo que un calor pasara por mi cuerpo hasta llegar a mi entrepierna, cerré los ojos en un jadeo. David aprovechó que tenía los ojos cerrados, besó y lamió la marca y luego subió besando mi mejilla hasta llegar a mis labios. Mis manos fueron a su cuello atrayendo así más su cuerpo al mío, olvidando por completo lo que quería decirle desde la noche anterior. 
Al separarse de mis labios, los lamió y pude recordar lo que quería decirle, aunque me temblaban las piernas por estar entre sus brazos. 

– ¿Qué son estas marcas, David? – pregunté lo más seria que pude mirándole fijamente. David cerró los ojos por unos momentos y cuando los abrió me besó la frente quedando más desconcertada que antes.
– Dijiste que te hiciera mía y eso hice – encogió sus hombros acariciando mi espalda, fruncí el ceño esperando a que siguiera. –  Soy un vampiro Amanda, sólo que eres la primera mujer en la cual dejo las marcas de mis mordidas – hice un intento de apartarme de su cuerpo, pero eso hizo que me atrajera más a su cuerpo.  – Cuando tocaste las marcas te sentí a mi lado, tenemos una conexión especial a través de mis mordidas... Fue una sorpresa sentirte masturbándote en la ducha, no estuve en tu apartamento pero sí pude sentir dónde estabas y el placer que tuviste con el orgasmo.
No supe qué decir a eso, no me esperaba que tuviera una conexión a través de las marcas, tampoco a que fuera un vampiro de verdad. Ladeé la cabeza sin dejar de mirarle, intentando ordenar todos mis pensamientos. 
– Entonces, ¿Fuiste tú quién me envió la invitación del Rapsodia? – pregunté con el ceño fruncido.
– Sí, desde que llegaste transferida de España y te vi, quise que fueras a la fiesta de Morgan. Lo que no supe era que al final llegarías a meterte debajo de mi piel de esa manera durante estos seis meses.

Cerré los ojos negando con la cabeza aún en los brazos de David Preston. Apoyé la frente en su hombro sin saber qué decir. Tanto tiempo viendo a muchas mujeres viniendo a buscarle, tocando su cuerpo y ahora resulta que era yo quién le había llamado la atención desde un principio. Me aparté de su cuerpo, haciendo que su abrazo se perdiera y quedé mirándole desde una distancia, necesitaba pensar un poco mejor.

– ¿Y qué pasa con todas esas mujeres que han desfilado por ésta oficina durante todos estos meses? – pregunté arreglando el pañuelo evitando mirarle. – ¿Porqué yo y no una de ellas? Sabes... No soy ninguna modelo como todas ellas, tengo mis curvas, David...
– Lo sé, pero creo que ahora realmente no importa, es San Valentín y quiero pasarlo contigo – acarició mi mejilla mirándome – Y si me dejas, podríamos comenzar una relación fuera de esta oficina.
Alcé una ceja cuando dijo eso, no estaba yo para relaciones estables, al menos no de momento, pero a la vez hacía casi un año que no tenía sexo, aunque ganas no me faltaban. Suspiré pasando las manos por mi cara hasta llegar a mi cabello y estiré algunos mechones.
– No quiero una relación estable ahora David, y más que me lo pidas en San Valentín un día que odio por culpa de mi ex novio. – me aparté un poco más de él y acercándome a la mesa cogí el café que estaba ya frío, le di un sorbo y no dije nada más.
– ¿Qué hizo tu ex para que odiaras éste día? – preguntó él acercándose a la silla sentándose en ésta.
– Fuimos a un restaurante lleno de parejas enamoradas y en medio de la cena no se le ocurrió peor humillación que dejarme, cortó nuestra relación. – suspiré cerrando los ojos y cruzando mis brazos sobre mi pecho mirando hacia el suelo.

Ninguno de los dos dijo nada, por lo que se hizo un gran silencio en la oficina, le miré de reojo y vi que me seguía mirando. Me pasé la mano derecha por mi cuello notando la marca de su mordedura arder, de vi que se tensaba por lo que dejé la mano en donde la tenía y me quedé mirándole.

– Está bien, acepto cenar contigo después del trabajo, pero nada de restaurantes elegantes, cenamos en mi casa y luego nos vamos al Rapsodia – comenté seria bajando la mano de mi cuello.
– Bien, iré cómo quedamos a las siete después del trabajo – sonrió abiertamente, se inclinó hacia mí y nos besamos levemente.

Se levantó sin dejar de sonreír y entró en el despacho para hacer la primera reunión de la mañana. ¿Qué había pasado? Negué con la cabeza levantándome y fui a la cafetería a calentar en el micro el frío café con leche. Me rasqué la nuca mirando cómo daba vueltas el plato con la taza, al final el admirador secreto resultaba ser mi magnífico jefe que a la vez es un vampiro. 
Saqué la taza y me quedé allí de pie bebiendo el café mirando fijamente aquél aparato, las voces de los hombres que iban a la reunión  con David me sonaban a las que siempre había escuchado a través del teléfono y después cuando venían al despacho. Eran voces roncas, llenas de sensualidad, metí la mano libre por debajo del pañuelo y rocé una de las marcas con el dedo, luego bajé hasta llegar a mis pechos, acaricié la marca del pezón cerrando los ojos, pero los abrí al escuchar un potente gruñido venir del despacho, luego se oyeron unas risas masculinas. 

Apreté el pezón un poco y luego lo dejé para seguir bebiendo el café con leche. Terminé de beber, limpié la taza y luego me giré para salir de la cafetería pero me encontré con David mirándome como si fuera un animal salvaje. 



Continuará

Relato | El San Valentín de Amanda | Parte 2





Al final tuve que hacer las llamadas que me dijo David, el Martes me encontré con la lista de a qué chicas tenía que llamar para decirles que David ya no quería saber nada de ellas. Con la mayor dignidad que pude y mayor vergüenza aun por los gritos de todas las despaché. 
El miércoles ya las tenía a todas tachadas, rezaba para que no aparecieran en tromba a buscar explicaciones... 



No vinieron, llamaron constantemente al teléfono de la oficina, haciendo que desviara sus llamadas al buzón de voz, aunque tenía ganas de dejar el teléfono descolgado para que no llegaran llamadas. Realmente estresante.

En vez de salir a almorzar me llevé la comida de casa, David se iba a comer con unos clientes con los que se reunía y yo seguía despachando modelos histéricas. 
Iba a tener que pedirle un dinero extra por los esfuerzos que hacía en sacar a las chicas sin tener que recurrir a los de seguridad.

Estaba calentando el tupper en el micro-ondas cuando escuché que alguien tosía detrás de mi. Me giré y vi allí plantado a David con una sonrisa en el rostro haciendo que le frunciera el ceño.

– Espero que ya no queden mujeres a las que despachar, creo que merezco un dinero extra por eso – dije, al ver que se le borraba la sonrisa me giré hacia el aparato y cuando estuvo listo cogí mi tupper y pasé por su lado para ir a comer a mi mesa, pero su mano se cerró en mi brazo haciendo que me detuviera.
– Siento que hayas tenido que pasar un mal momento en hacer esas llamadas a esas mujeres – dijo por fin después de unos segundos.
– Bueno, la próxima vez no tenga tantas mujeres besando el suelo por donde pisa – hice un movimiento con el brazo para deshacerme de su agarre y fui al escritorio seguida por él.
– La verdad es que no pensaba que fueran tantas – respondió a mis espaldas mientras me sentaba en la silla, cogía el tenedor y comencé a comer mirando una revista de moda. – Sólo quiero que ahora esté una en la lista, pero creo que ella no está interesada. – vi de reojo como se sentaba en la silla que había delante de mi mesa, me encogí de hombros y seguí comiendo.

Estuvimos los dos en silencio, yo comiendo tranquilamente y leyendo la revista y él mirándome fijamente, pero después de unos minutos suspiró y se metió en su despacho. Cuando la puerta se cerró suspiré relajando el cuerpo de la tensión que aguantaba por que me mirara fijamente, por dentro no estaba nada tranquila.


El jueves llegó y así otro día más de trabajo en la oficina, por suerte parecía que todas las amantes dejaron de llamar, dándose por vencidas. Las tiendas se llenaron de colores rosas y rojos como ya predije. Cuando llegué a la oficina vi en mi mesa un ramo de rosas rojas y rosas, fruncí el ceño y cogí el ramo, lo observé con detalle buscando alguna nota, pero no había ninguna, olí las rosas y fui a la cafetería donde había allí una jarra, la llené de agua y metí el ramo, fui de regreso a la oficina y dejé la jarra encima del archivo. Fui de nuevo a la cafetería y arreglé una cafetera para cuando David llegara. Lo que no pensé era que él ya había llegado. 

Cuando me giré para ir a coger la azucarera me di de bruces con el cuerpo trajeado de David, antes de que me apartara pude oler su colonia masculina. 

– Buenos días señor Preston – saludé con una sonrisa pasando por su lado para sacar del armario la azucarera.
– Hola, Amanda – devolvió el saludo con una voz tan ronca que me puso la carne de gallina. – Ese ramo es muy bonito.
– Si, aunque no se quien lo ha enviado, no había ninguna nota. – me encogí de hombros pasando por su lado y saqué dos tazas donde puse un poco de azúcar, luego puse el café y un poco de leche en una de las dos tazas.
– No sabía que tenías admiradores secretos – comentó cogiendo la taza que no tenía café. Alcé una ceja con lo que dijo y di un sorbo a mi café escondiendo media sonrisa.
– Yo tampoco, pero creo que ya se de quién puede tratarse. – le sonreí por fin terminando el café porque había puesto poco y me dispuse a irme a la mesa. Pero David se puso en mi camino prohibiéndome salir, le fruncí el ceño sin entender porqué no me dejaba ir.
– ¿Puedo saber quién crees que te ha enviado el ramo?  – preguntó acercándose demasiado a mi cuerpo haciendo que diera unos pasos hacia atrás hasta llegar a toparme contra el mueble.

– David.... – conseguí decir sin tartamudear ya que notaba el calor de su cuerpo acariciar al mio. Cerré los ojos y respiré hondo, abrí los ojos y se conectaron con los suyos. – Gracias por las rosas, son preciosas. – le di un beso en la mejilla y al verlo desconcertado pasé por su lado – pero no me gusta mucho San Valentín.

Dejé de caminar y de respirar al ver que estaba de nuevo delante de mi. Cuando me recuperé de la sorpresa le miré con la boca abierta y luego le fruncí el ceño.

– ¿Qué dem...? – no pude terminar la frase, sus labios no me dejaron, sus manos en mi cintura me pegaron a su cuerpo.

Al principio me resistí, mis manos empujaron su pecho, pero al notar sus pectorales bajo mis manos no pude retener un gemido que se ahogó en su boca. Correspondí a su beso, dejando que metiera la lengua en mi boca, mi cuerpo se juntó más al suyo y mis manos fueron a su cuello. Sentía como un calor subía por mi cuerpo haciendo que jadeara al notar como su miembro crecía entre nuestros cuerpos. 

Sus manos bajaron por mi espalda hasta llegar a mi trasero donde me apretó bien este, noté sus manos moverse arrugando la tela de la falda dejándola arrugada en mi cintura, subí mi pierna hasta su muslo, su mano derecha acarició el mio haciendo que jadeara separando mis labios de los suyos, eché la cabeza hacia atrás notando su boca besar mi cuello a la vez que escuchaba que gruñía. De un salto mis dos piernas quedaron alrededor de su cuerpo por lo que David aprovechó en caminar y apoyar mi espalda en la pared donde siguió besando y mordiendo mi cuello y yo seguía jadeando. 

– Esto está mal David... – gemí cuando mordió un poco más fuerte mi cuello olvidando por unos segundos lo que quería decirle – tienes una reunión... – sacó la blusa de la falda y la subió hasta por encima de mis pechos, abrió mi sujetador de encaje blanco y se dedicó a morder y succionar mis pezones.
– No hay reuniones hasta la tarde – respondió mirándome desde mis pechos, donde sonrió de manera lobuna que hizo que jadeara y mordiera mi labio inferior con los ojos cerrados, señal que hizo que David volviera a mis pechos.

Minutos más tarde, después de martirizar mis pezones hasta dejarlos bien duros, regresó a mis labios donde nuestras lenguas volvieron a acariciarse sin piedad y con pasión salvaje. Una de sus manos  fue hasta mi entrepierna y tiró de la braguita de encaje, poco después un dedo se adentró en mi humedad hasta meterlo dentro de mi, jadeé dentro de su boca y comencé a moverme contra su dedo. Su boca recorrió mis mejillas hasta llegar de nuevo a mi cuello donde mordió algo más fuerte que las otras veces haciendo que mi vientre se contrajera haciendo que gimiera un poco más alto. 

– Estás bien mojada aquí abajo Mandy – susurró contra mi oreja haciendo una especie de ronroneo.
– Entonces hazme tuya... – susurré de vuelta jadeando y mirándole llena de placer, clavando las uñas en sus hombros a través de su camisa.

Sacó su dedo de mi vagina y lo llevó a mi boca donde no tuve ningún reparo en saborear mis propios jugos. Me movió un poco, escuché el ruido que hacía la cremallera de su pantalón rasgar, su pene saltó rozando mis muslos. Besé sus labios una vez más y noté como iba entrando en mi interior. Mi vagina se apretó alrededor de su eje haciendo que lo sintiera bien adentro de mi, noté como una chispa de electricidad recorriendo mi cuerpo y nuestras miradas se conectaron mientras los dos jadeábamos. 

– ¿Notaste eso? – pregunté sin dejar de mirarle. Me dedicó una sonrisa ladeada que tomé como una afirmación sin que contestara con palabras.


Sus manos se amoldaron a mi trasero y comenzó a embestirme sin dejar de mirarnos a los ojos, mi respiración era algo superficial, cerré los ojos y él volvió a succionar mis pezones. Mis pechos no eran nada del otro jueves, ni muy grandes ni muy pequeños. Las penetraciones se volvían más profundas y certeras, al igual que aumentaba la velocidad, haciendo que gimiera más alto, mi espalda se arqueaba y se pegaba a la pared. 

Dejó mis pechos por fin y subió hasta mi boca donde mordisqueó mi labio inferior hasta hacerme sangre, lamió las gotas dejando escapar un gruñido desde el fondo de su garganta. Saqué mi lengua donde se unió a la suya entrelazándose dentro de su boca donde pude notar que sus colmillos eran un poco más largos de lo normal. Pasé mi lengua por estos haciendo que él gimiera  y me penetrara más fuerte. 

Nuestros gemidos se alzaban por toda la cafetería y se ahogaban dentro de nuestras bocas, notaba mi propia humedad en su duro eje, había perdido la cuenta de cuantos orgasmos había tenido antes de que él terminara llenándome con su semen, gimiendo en el hueco de mi cuello. 
Mi cuerpo temblaba con el último orgasmo junto con el suyo, mis ojos estaban cerrados e intentaba recuperar el aliento. 

Pasados unos minutos, en los que ninguno de los dos se movió, por fin pude bajar mis piernas de su cuerpo e intenté mantener el equilibrio en mis tacones después de haber deslizado su pene de mi vagina. Acomodé mi ropa viendo de reojo que él hacia lo mismo. Antes de salir me cogió de la cintura y dejó un último beso en los labios. Fui hacia el baño donde me limpié y fui hacia el escritorio a trabajar, vi de reojo que David se metía en su despacho y contestaba a una llamada.


A la hora del almuerzo, saqué mi tupper y fui a calentarlo, desde que habíamos tenido sexo en la cafetería David no había salido de su despacho, no se escuchaba nada, sonaba mi teléfono y lo cogía concertando reuniones para la semana que viene y la siguiente. Regresé y me puse a comer donde minutos más  tarde apareció un chico que llevaba comida al despacho de David, ni siquiera me levanté para anunciarle porque él ya sabía que iban a ir a su despacho. 

Como ya predijo, por la tarde estuvo reunido, sólo salió del despacho para ir al baño, donde aproveché para preguntar si querían algo para tomar, pero como no querían nada regresé a mi asiento a seguir trabajando. 

Cinco minutos antes de que terminara mi horario, la puerta de su despacho se abrió y se asomó David, nos miramos por unos instantes antes de que él hablara.

– Puedes irte a casa Mandy, la reunión se alargará un poco más pero no necesito que estés aquí así que no te preocupes. – sonrió levemente, dirigió una mirada al ramo de rosas que aún estaba encima del archivador.

Me levanté y recogí mis cosas, después de coger el bolso me lo puse al hombro y cuando fui a despedirme, David estaba a mi lado cogiéndome por la cintura y dejó un beso en mis labios.

– Hasta mañana señor Preston – susurré algo desconcertada por que me despidiera con un beso que hizo que tuviera un escalofrío poniendo mi bello de punta.
– Hasta mañana Mandy – sonrió dejando mi cintura haciendo que se instalara una especie de perdida en mi cuerpo, vi que se metía de nuevo en el despacho, me guiñó un ojo con una sonrisa antes de cerrar la puerta.

Me quedé mirando la puerta de su despacho algo desconcertada, pero reaccioné y saqué el ramo de la jarra, cogí esta con la mano libre y fui a dejarla en la cafetería, donde recuerdos de lo que había pasado esta mañana en ella volvían a mi cabeza haciendo que tuviera calor. Cerré los ojos fuerte y salí de las oficinas. 




Continuará 


tercera parte

Relato | El San Valentín de Amanda










Odio San Valentín. 
Todas las tiendas se llenan de globos de colores rosa y rojo, lazos de los mismos colores, bombones... Que es un día donde abundan las parejas prodigando amor... Gastando un dineral en productos que podrían comprar cualquier otro día, al igual que declararse amor eterno el resto del año. 
Las tiendas al final del día tendrán un buen cierre de caja, por la noche todas las parejas estarán en la cama haciendo el amor después de una maravillosa cena romántica, con champán y velas. 
Y la gente como yo, sobre todo las chicas, estaremos acurrucadas en el sofá de casa con una caja de bombones que nosotras mismas nos regalamos para este día tan especial, para las parejas claro. 

El 14 de Febrero para mi es un día normal como cualquier otro, porque el año pasado mi novio decidió romper nuestra relación de cerca de cuatro años, el día en que todos se aman y nuevas parejas se crean.

Fue tan humillante que me dejara en plena cena romántica en el restaurante lleno de parejas que cenaban... Me levanté a la vez que le tiraba encima el vino y me fui corriendo de allí lo más dignamente que me permitía la situación. Así que ahora a  una semana de San Valentín, estoy dispuesta a pasarlo bien en vez de quedarme en casa lamiendo mis heridas, eso ya lo hice durante casi una semana y ya va siendo hora de pasarlo lo mejor posible. 



Salía de una tienda de ropa después de haberme probado varios vestidos de fiesta para ir a una de las discotecas más exclusivas de la ciudad de Londres, en una bolsa llevaba un vestido de color rojo satinado y en otra unos zapatos de tacón a juego. 
Hace medio año que estoy viviendo en Londres al final la empresa en la que estaba trabajando me trasladó a los despachos de la ciudad para ser la secretaria del abogado jefe. A las dos semanas de estar en la ciudad me llegó la invitación para ir a la fiesta de San Valentín que da la discoteca cada año. No se quien me envió la invitación y tampoco es que me importe.

Llegué a mi apartamento, fui a la habitación y saqué el vestido guardándolo en el armario con la percha que había pedido que dejaran en la bolsa y luego me puse los zapatos para que se amoldaran a mis pies. Regresé al salón y entré a la cocina para prepararme la cena.

El lunes por la mañana, después de ducharme, me miré en el espejo, tenía un cuerpo lleno de curvas, pechos normales, ojos verdes, cabello largo castaño, una chica normal del montón. Me vestí con un traje con corbata que usaba de vez en cuando para ir a trabajar, me hice un moño y tomé el bolso para ir a la oficina.

Cuando llegué, dejé mis cosas en el perchero y cogí unas carpetas para dejarlas en el despacho de David, mi jefe, que aún no había llegado como cada día. Fui a la cafetería para desayunar antes de que él llegara. Era pequeña y estaba en la misma planta por lo que no tardaba en regresar a mi mesa si llamaba alguien. 

– Buenos días Amanda. ¿Vas a ir a la fiesta de Morgan? – preguntó una voz ronca detrás de mi a los pocos minutos de estar sentada tomando mi café con leche. El jefe había llegado.
– Buenos días señor Preston – me giré para verle y dedicarle una leve sonrisa. – Si, ayer fui a comprar el vestido.


David Preston es el ejecutivo más hermoso y magnifico que he visto en toda mi vida, y eso que he visto a muchos pasar por su despacho durante los meses que he estado aquí desde mi traslado. 
Llevaba un traje de corbata de color azul, y camisa blanca, su cabello con gomina peinado hacia atrás y sonreía mientras se servía un café, yo regresaba a mi escueto desayuno, aún no había sonado el teléfono por suerte para mi. Sus movimientos eran fluidos y era de esos escasos momentos que podía fijarme en él sin distraerme del trabajo. 

Cuando terminó de servirse el café salió de la sala sin decir nada, estas cosas por su parte eran igual; un saludo de buenos días, servirse el café y meterse en su despacho esperando a que llegara el primer cliente de su apretada agenda. Así todos los días. 

Un mes después de que me llegara la invitación de la fiesta de la discoteca Rapsodia, conocí a Morgan Thompson, amigo de mi jefe David y el dueño de dicha discoteca. Fue el mismo David quien me lo dijo unas horas antes de que llegara. Y cuando llegó le di las gracias por enviarme la invitación, él con una enigmática sonrisa y mirada me dijo textualmente: “De nada, preciosa. Pero yo no he sido.” Me guiñó un ojo y entró en el despacho de David donde se tiraron horas reunidos. 
Después de eso nos hicimos amigos. Nunca le pregunté quien fue el misterioso hombre que me envió la invitación y él nunca me dijo nada. 


A la hora del almuerzo salió David de su despacho, con un gesto serio se plantó delante de mi escritorio, miré la agenda, no tenía ninguna cita por lo que podía ir a comer a cualquier restaurante que quisiera. Levanté la mirada y luego me levante de un salto sin entender muy bien qué era lo que quería.

– ¿Ocurre algo señor Preston? – pregunté sin dejar de mirarle ladeando la cabeza. Pareció despertarse con unos parpadeos, vi como cambiaba su expresión y suspiró con los ojos cerrados.
– Lo siento he tenido una mala llamada. – respondió con media sonrisa, fui a sentarme de nuevo pero lo que dijo me dejó a mitad de camino – ¿Quieres venir conmigo a almorzar? – le miré por unos segundos intentando no fruncir el ceño por lo que había dicho. Podía aprovechar aquella invitación para conocerle un poco más por lo que sonreí y asentí con la cabeza.
–  Claro, me encantaría – puse en suspensión el ordenador, y cogí el bolso, pasé hacia delante del escritorio poniéndome a su lado y vi como me sonreía.

Fuimos los dos por el pasillo, el ascensor no tardó en llegar por lo que entramos en este y sin decir nada comenzamos a bajar hasta llegar a la planta baja. Al salir del edificio David me tomó de la mano y fuimos hacia un bar donde servían comida para los ejecutivos como mi jefe. No dije nada sobre que me cogiera de la mano, no era incómodo.

Mientras comíamos hablamos de todo un poco, de las siguientes reuniones que tenía por la tarde, y de las siguientes en lo que quedaba de semana, a David le gustaba que todo estuviera en orden y bien hablado. Ninguno de los dos mencionó la fiesta, era como si fuera un tema tabú. Él iba a ir con alguna de sus amantes que a veces veía que se iba cuando venían al despacho a verle para irse a cenar, y yo iría sola a pasarlo bien, no había nada de lo que hablar.
Pagamos la comida y regresamos a la oficina de la misma manera que al principio, sin decir nada los dos. Ninguno buscaba una relación estable, por lo que no había problema alguno. 

Pasada una hora de haber regresado llegó un mensajero, donde dejó un sobre para mi. Firmé el papel y me quedé con el sobre misterioso sin remitente. Lo abrí y saqué la tarjeta que había dentro. 


“Pasaré por tu apartamento el Viernes a las 19.00,
Iremos a cenar y luego iremos a la fiesta del Rapsodia.

Tuyo.”

Fruncí el ceño mirando y volviendo a leer el escrito de la tarjeta, parecía que era de la misma persona que me había enviado la invitación. Dejé la tarjeta en la mesa y al alzar la mirada vi que estaba David mirándome desde su puerta, vi que miraba hacia la tarjeta y luego volvía a mirarme sonriendo levemente. 

– ¿Puedes traerme un café Mandy? – preguntó metiéndose al despacho de nuevo. Suspiré y me levanté para ir a la pequeña cafetería, le preparé el café tal como le gustaba, regresé a la oficina y entré a su despacho. Dejé la taza humeante y me quedé allí de pie sin saber muy bien que decir.
– Aquí tiene su café – murmuré con el ceño levemente fruncido.
– Gracias – respondió y al apartar la mirada de la pantalla de su ordenador me dedicó otra sonrisa cogiendo la taza del café con una mano.
Hice un gesto con la cabeza de asentimiento y giré sobre mis tacones para regresar a mi mesa.

No entendía a que venía a que sonriera tanto ya que pocas veces lo hacía, siempre sus sonrisas eran para sus amantes, chicas guapas, esbeltas como si fueran modelos... Tal vez son modelos. Yo no tengo nada que hacer contra esas mujeres, soy de las que tienen curvas peligrosas y que usa una talla grande de ropa. 

Me senté de nuevo en la silla, miré la tarjeta, la cogí y la metí en el bolso, no quería verla de nuevo. Regresé a trabajar con el ordenador olvidando por completo la tarjeta. 
Hice pasar a los siguientes clientes al despacho de David y regresé a mi trabajo y a atender llamadas y concertar más reuniones.

Quedaba media hora para terminar de trabajar cuando apareció por el pasillo una de las modelos que iban a ver a David, puse los ojos en blanco y me levanté para ir a anunciar a su modelo.

– Señor Preston, han venido a verle. – anuncié en la puerta, él alzo la mirada de los papeles que tenía esparcidos por su mesa y miró por encima de mi hombro para ver de quien se trataba. Su ceño se frunció y regresó a sus papeles.
– Estoy muy ocupado hoy Samantha, no puedo ir contigo lo siento. – dijo con un tono frío que nunca había escuchado usar en una de sus modelos. Ni siquiera la miró. Me giré un poco para ver a la tal Samantha y vi que tenía una mueca en su rostro, se giró y se fue pisoteando como niña pequeña pataleando. Tapé una sonrisa con mi mano y me giré para salir de su despacho.

– Amanda – escuché detrás mío su voz por lo que me giré y vi que estaba bien cerca de mi cuerpo – A partir de mañana no dejes que ninguna de las mujeres que vienen a verme pasen al despacho. – le fruncí el ceño y me volví a girar.
– Lo siento señor, pero de eso se tendrá que ocupar usted, son demasiadas mujeres a las que llamar para decirles que ya no vengan a buscarle.
– Por eso mismo – respondió en un tono duro. Sonreí apagando el ordenador y recogiendo los papeles de la mesa.
– Lo siento, no tenga tantas... visitas – le dediqué otra sonrisa y seguí recogiendo.
– Amanda... – escuché un suspiro y la puerta de su despacho cerrarse. Suspiré yo también negando con la cabeza. Cogí la agenda y la metí en el bolso, cogí la tarjeta y la metí en la basura.

Ya vería si no me iba yo sola a cenar y ese misterioso se quedaba solo esperando en la puerta de mi edificio.







Continuará

Segunda

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