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Relato | Un juego de dos | homoerotico paranormal

27/1/15

Un juego de dos






Me encontraba en mi habitación, horas después de que Belial reclamara a Moira ante Lucifer. Todos vimos la molestia de éste al ser llamado para esa información. La puerta se abrió y entró un Leviathán sonriente, pues fue el que más se divirtió ante toda la situación entre Belial y Lucifer. Yo simplemente desaparecí, no queriendo ver nada más de aquello.
– Supongo que Belial ha salido bien parado para que estés aquí, además de que no he escuchado muchas explosiones. – Comenté viendo cómo se acercó hasta la cama quedando entre mis piernas, que las abrí para él.
– Ni siquiera se ha molestado en gastar energía en su contra. – Respondió arrodillándose, me miró por entre su flequillo que le tapaba medio ojo y me sonrió. – Ha sido aburrido. – Puso las manos en mi cintura cogiendo el borde del pantalón hasta bajarlo por mis muslos.

Lamió sus labios con la mirada fija en mi dura polla, pasó los dedos por el glande hacia abajo por el eje, la tomó por la raíz y pasó su lengua por toda la punta roma.

Eché la cabeza hacia atrás dejando escapar varios gemidos que hicieron que Leviathán la tomara toda dentro de su boca.
Mis dedos se enredaron en su cabello, tenía los ojos cerrados disfrutando de sus atenciones. Pero pronto dejó de chupar, se levantó inclinándose hacia mi, dónde nos besamos mientras nos desprendíamos de nuestras ropas.
– Esta vez te haré mío Samael. – Murmuró mordiendo mi cuello subiendo a la cama y a mi cuerpo. – Estoy cansado de jugar. Leviathán me penetró de una estocada, haciendo que arqueara la espalda, los dos gemimos por el placer y el dolor que recorrió nuestro cuerpo. Alzó mis piernas hasta que quedaron en sus hombros. Se inclinó de nuevo sobre mi cuerpo dónde nos besamos a la vez que salía y entraba de mi cuerpo.
– Estás jodidamente estrecho aquí – Dijo entre gemidos y mordiscos. Yo simplemente le contesté con un gemido y hundiendo mis uñas en su espalda.

Sus penetraciones se hicieron más constantes, más rápidas y más duras. Sin que me diera cuenta me giró quedando en mis manos y rodillas. Tomó mi polla en su puño y lo movió junto con sus embestidas. Nuestros gemidos se escuchaban por toda la habitación.

Leviathán mordió mi hombro haciendo que alcanzara el orgasmo, cuerdas de semen salieron disparadas hasta manchar las sábanas. Mis músculos se apretaron exprimiendo su polla, notando poco después cómo mi interior se llenaba.

Los dos caímos en la cama jadeando, salió de mí y se tumbó a mi lado. Reí acomodándome mejor en la cama quedando los dos sin decir nada.

– ¿Qué diría tu mujer si nos viera así? – preguntó de pronto quedando de lado mirándome fijamente.
– Tal vez se apuntara a una ronda con los dos. Sería raro que no lo hiciera. Además pensaba que ya la conocías. – le fruncí el ceño, y negué con la cabeza.
– Nunca sé cómo van a reaccionar Lilith o Naamah, son impredecibles las dos.

Más tarde Leviathán se fue y yo me quedé leyendo y escuchando los sonidos amortiguados que venían de la habitación de Belial. Celebrando que finalmente Moira fuera únicamente de él.

Rodé mis ojos ante el pensamiento, siempre los había escuchado teniendo sexo, desde que ella fue apta para acostarse con alguien. Todos sabíamos que ellos dos estarían juntos, como también que ella domaría a Belial con el tiempo. Y ya había conseguido uno de los pasos cuando lo hizo oficial delante de Lucifer y los demás demonios.

La puerta se abrió por segunda vez en la noche. Esta vez fue Lilith quien apareció, supuse que Naamah estaba con Asmodai. Vi con mi visión periférica cómo olfateaba el aire de la habitación y cómo su nariz se arrugaba.

– Ya has tenido que follar con la perra – dijo despectivamente refiriéndose a Leviathán.

Resoplé cerrando el libro de mala gana y arrojándolo hacia la mesa que había a un lado de la cama. Ella se desnudó ignorando mi resoplido y se subió a la cama.

– Lil, yo nunca me he quejado que te acostaras con todos esos hombres con los que andas. – me giré hacia ella e hice círculos en la piel de su vientre plano con mi dedo.

– Ya, pero al menos yo no los llevo a nuestra cama – hizo berrinche palmeando mi mano para apartarla de su vientre y girándose dándome la espalda. Suspiré negando con la cabeza, dejé un beso en su cuello y luego me giré hacia el otro lado para dormir un poco. Belcebú dijo algo que quería que yo mostrara a Moira los trabajos de los demonios.

– ¿Ahora vas a estar jodiendo con la perra? – preguntó Lilith con un gruñido después de unos minutos.
– Lil, eres tú la que se comporta como una perra, estando molesta con que me acueste con Leviathán. – le respondí con un hilo de voz. Escuché su gruñido de molestia, apreté el puente de mi nariz sin abrir los ojos. – No es mi problema que Lev sea un hombre, ¿Preferirías que me acostara con una mujer?
– ¡NO! – gritó ella dándome un empujón por la espalda. – Ni se te ocurra, Samael, ya tengo suficiente con compartirte con Naamah. – dejó de hablar y pude deducir que estaba frunciendo el ceño. – Y ahora también con Leviathán.
– Me alegro que lo entiendas, buenas noches – respondí dando por terminada la conversación, aunque bien sabía que ella no lo entendía y estaba seguro que no lo haría por un tiempo muy largo.

Noté como las sábanas se movían con su cuerpo, parecía pensar demasiado en cosas que no tenía por las que preocuparse, como que estuviera acostándome con Levithán.
Dado que llevaba ya tiempo yendo a la cama del demonio rubio. El amor no está hecho para demonios como Lilith y Naamah.

Escuché sus pasos y luego la puerta abrirse y cerrarse, suspiré sentándome en la cama y frotando mis ojos con las manos.

Bueno, mierda.

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